El fenómeno de inseguridad presenta una serie de causas interrelacionadas, las cuales se pueden agrupar en tres categorías principales: sociales, institucionales y las que se refieren al entorno urbano y físico.

En este contexto, en Latinoamérica se ha observado, también, un crecimiento acelerado de la población con carencia de servicios y oportunidades, lo que se traduce en espacios proclives a la delincuencia. Este incremento de la delincuencia trae como consecuencia la inseguridad de los ciudadanos por su patrimonio, su tranquilidad, su paz, su familia, así como menos inversiones, y un impacto económico considerable.

Ante este escenario los gobiernos locales han tenido pocos aciertos para combatir la inseguridad, derivado de falta de recursos humanos, presupuestal y hasta falta de voluntad política para solucionarlo, volviendo a los ciudadanos vulnerables de diferentes actos delictivos que pone en riesgo a veces hasta a su propia vida.

Gran parte de los problemas complejos no se miden, no se busca evidencia en la mayoría de los casos para tomar decisiones que impacten en el problema, sino son más que acciones aisladas que generan poco impacto en la incidencia delictiva.

Con la entrada de la tecnología y su adopción por parte de gobiernos locales, se ha logrado mayor efectividad a lo hora de enfrentar este problema, sin embargo, hay herramientas que no han sido todavía del todo aprovechadas, como es el caso de las cámaras de seguridad, o mejor conocido como Centros de Control, Comando y Comunicación (C4), en el que a partir de imágenes digitales logran impactar en la incidencia de zonas delictivas, monitoreando las 24 horas las avenidas principales de la ciudad.

Sin embargo, la apertura de estos sistemas al ciudadano es nula, quien quiere acudir a presentar una denuncia y revisar las pruebas con la información recopilada en estos centros, aunado a eso las memorias para guardar la información es prácticamente de 15 días, por lo que la información recabada es borrada para poder continuar grabando, en un mundo donde la información y los datos recobran un gran valor, esta acción per se es inverosímil.

Aprovechar esos datos nos pueden ayudar a generar “mapas declitivos” que nos permitan dar lectura a toda una zona territorial y geográfica de los delitos que se cometen en zonas urbanas con mayor frecuencia, y canalizar las acciones, esfuerzos y recursos a realizar intervenciones efectivas en cada una de esas zonas, para posteriormente medir la reducción de índice delictivo que tuvimos en ciertas zonas segmentadas por estos valores estadísticos.

Aunado a eso, cada ves más existe una tendencia de que los ciudadanos, vecinos, cuenten con cámaras de seguridad en sus hogares, derivado del problema de la inseguridad, estos a su vez, se encuentran cada vez más organizados, sin embargo los gobiernos locales siguen pensando que a ellos únicamente les corresponde la tarea de resolver problemas públicos, cuando en la actualidad es hasta el sector privado quien quiere ayudar a participar a resolver este problema debido a que impacta negativamente en sus inversiones y economía.

Por eso es necesario que los gobiernos locales incrementar la inteligencia de sus estrategias y no sólo se dediquen a la certificación o capacitación de sus policías, sino que implementen estrategias como los policías de proximidad, redes sociales, coordinación con cámaras de negocios y vecinos, inteligencia estratégica, mapas delictivos etc.